No por ser el nieto de la Reyna Isabel II de Inglaterra o el hijo menor del sucesor a la corona, quiso permanecer protegido y evitar ser expuesto al trabajo para el cual había sido preparado. El Príncipe Harry de Inglaterra se salió con la suya.
Ser un soldado prestando servicios en un terreno conflictivo fue el deseo que tenía desde la primavera del 2007; pero se le fue impedido. El general Sir Richard Dannat fue la persona encargada de negarle el sueño a Harry, pues su presencia en Irak era considerada un peligro para las tropas británicas y especialmente para los once soldados que tiene a su cargo. De esta manera, el Príncipe se quedó trabajando en oficina, apenado y avergonzado por no poder estar presente en el conflicto.
Sin embargo, tras una operación secreta, el deseo de Harry fue hecho realidad y éste pudo llevar - finalmente – y con orgullo, el uniforme de soldado, sirviendo al Ejército de Su Majestad, la reina Isabel II.
La confirmación de la noticia fue hecha por el propio Ministerio de Defensa de Gran Bretaña. El destino del príncipe Harry estuvo en el Norte de Afganistán durante diez semanas y luchó contra los talibanes, viviendo en una de las bases militares situada en la provincia de Helmand.